Un gallinero convertido en un hogar campestre

marzo 24, 2017 0 Comments A+ a-



Ya lo he contado alguna vez, pero uno de mis cuentos de la lechera es encontrarme casi por sorpresa un local abandonado, de esos que habían tenido antaño un uso muy diferente y transformarlo en un auténtico hogar.

Pues Can Gallina podría ser uno de esos lugares, un antiguo gallinero que se ha convertido en un acogedor hogar en el campo mallorquín. Rodeado de vegetación mediterránea: romero, salvia y lavanda enmarcan el terreno de la finca.


Un techado realizado por los propietarios con cañas que fueron a recoger al campo sirve para dar la sombra necesaria al porche donde cualquiera se instalaría a pasar una tarde de verano escuchando el ruido del agua que va rebosando de la piscina.


La mesa exterior también fue obra de los propietarios, que recogieron antiguas vigas, las trataron y un herrero realizó las patas para asentarla. Y la iluminación exterior, que me parece muy auténtica, son luces que se utilizaron en antiguas obras. Así que en el exterior se han recuperado muchos elementos que le dan carácter a la casa.



La vivienda, a la que se accede por una gran puerta, realizada por Miguel Font,  es una única planta con suelos de cemento pulido, que suben por las encimeras de la cocina y los baños, dando unidad a toda la casa.



En el interior, dos dormitorios enfrentados a cada lado de la casa con una decoración sencilla. Cojines de telas mallorquinas de teixits Vicens y Bujosa textil decoran las camas, cestas de esparto (en Mallorca las llamamos Senallas) utilizadas como lámparas, cabecero y escalera de madera sin tratar adquiridas en Catalina House y alfombras de yute en el suelo, aportan calidez al ambiente.



El espacio central con los pequeños ventanales que parecen cuadros, lámparas adquiridas en un brocante y la chimenea la convierten en una casa para disfrutar en todas las estaciones del año. 










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