Amores que matan

junio 21, 2016 0 Comments A+ a-


Desde hace tiempo tengo un amor no correspondido en mi vida. Suena raro, pero estoy hablando de mi amor a las plantas. Las quiero en mi vida, estoy pendiente de ellas, les doy de comer cuando lo necesitan, les compro abonos y chorraditas varias para que se sientan en la gloria, pero mi amor no está correspondido.



Cada año me vengo arriba, miro la casa, la terraza y digo “aquí falta algo”. Pues claro, faltan plantas que llenen de vida estos espacios. Así que cuando me da la vena me voy al centro de jardinería más cercano y lleno la casa de verde y florecitas. 

Ahí empieza mi aventura de amor: las miro, me gustan, las riego, les voy quitando las hojas muertas, me fijo en si están contentas o sus hojas se van cayendo. Si tengo que marcharme unos días fuera, las tengo en cuenta para que no se queden sequitas. Pero llega un día en que me abandonan. ¿Por qué? ¿Las he agobiado demasiado? O mejor dicho, ¿las he ahogado demasiado? Seguramente ese sea el motivo, pero ¿alguien sabe decirme cuál es la dosis perfecta para que este amor no vuelva a marchitar?


Este año lo he vuelto a intentar, llevo dos mes con ellas y de momento me están correspondiendo. He visto flores que nunca antes había visto. ¿Será mi relación definitiva? ¡Este es el año!









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